Cuando nos acercamos al final de aquel frío pasillo de roca y moho una sensación de calma me empapó cuando vi que lo que causaba aquellas escalofriantes sombras que correteaban por la pared era un estanque salado que se filtraba por un ancho arco de piedra submarino y que bajo el manto plateado de la luna que se cernía por un cráter, reflejaba las irregularidades del agua en la pared. El cráter no era muy ancho, pero lo suficiente para tener una vista privilegiada de una porción del espacio e iluminar la estancia. Cuando dejé a mi asombro a un lado miré de reojo a Jace que observaba el cielo nocturno con una sonrisa satisfecha, pareció sentir mi mirada porque enseguida sus ojos negros, del más puro carbón, se clavaron en los míos. No sabía cómo actuar, si quiera que decir, aquel lugar era, sin duda, mágico y aplacaba todos mis recursos. Se acercó a mí con cautela, como si fuese a saltarle encima para acabar con él victima de mi enfado aún patente, pero la verdad es que a medida que pasaba más tiempo con él cada uno de mis malos recuerdos se rompía en pedazos y desaparecían arrastrados por las emociones que sentía.
-Es agua natural, no son tóxicas a pesar de estar a un nivel tan bajo.- me anunció.
Parecía que el tampoco sabía exactamente que decir y escupió la primera tontería que le vino a la mente, aun que tratándose de Jace, no tener palabras en la boca en alguna ocasión era como bajar la luna con las manos. Miré a la luna creciente a través del cráter y volví a la realidad. Era tarde y esta era una de las pocas oportunidades con la que podría hablar con Jace de lo pasado en condiciones. Tomé aire y busque las palabras adecuadas antes de hablar. Antes de poder darme cuenta se encontraba a escasos metros de mi, mirándome con curiosidad, parecía sondear mi mente por momentos hasta que suspiró y comenzó a hablar:
-San, lo lamento de veras.-parecía hablar con sinceridad.-pero no me conoces, solo nos hemos visto dos veces, no puedes pretender atarme de esa manera.- ladeó la cabeza indeciso.
Decía la verdad, solo nos habíamos visto en dos ocasiones, cuando nos conocimos y cuando fuimos a aquel concierto con todos los demás. Pero le guardaba con celosía en mi mente, su risa se quedaba grabada a fuego, su voz sonaba en mi mente a cada hora, era algo extraño de describir porque, estaba claro a pesar de ser atractivo no estaba enamorada de él pero entonces ¿Porqué me atormentaba su imagen en mi mente?
-Ya lo sé.- le admití.
-¿Entonces por qué te dio esa crisis de ansiedad cuando besé a Annie?
-¿ Y tú porque no apareciste en esa semana?- se que era poco convencional contestar a una pregunta con otra, pero me sentía acorralada ante aquella pregunta porque no sabía la respuesta.
-¿Qué querías que apareciera por tu casa y te diera tal vez una crisis de ansiedad o un brote de cólera y me arrancaras la piel a tiras?.- a pesar de ser un comentario algo gracioso su rostro estaba realmente serio. Tenía razón los más probable es que alguna de las dos opciones de cumpliese.- Lo siento, no sé exactamente porque, pero lo siento.
Cerré los ojos escarbando en mi mente lo que quería decirle. Era cierto que, no tendría por qué pedirme perdón que en todo caso las disculpas tendría que dárselas yo por posesiva neurótica pero el orgullo me lo impedía.
En ese momento salvándome de otra situación difícil la melodía del móvil de Jace interrumpió la charla. Este puso los ojos en blanco y lo atendió.

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